jueves, 14 de diciembre de 2017

La investigación científica y las empresas


                                                                              
Es notoria la desconexión de la investigación científica (universitaria en la mayor parte) y las organizaciones públicas y privadas, económicas y de servicios. También lo es la invisibilidad del quehacer científico universitario para la opinión pública. ¿Cuáles son los temas de preocupación?; ¿Qué conexión tienen con la realidad nacional?; ¿Las empresas públicas y privadas se benefician con ese trabajo?; ¿Dan lugar esos estudios innovaciones útiles para la economía y el bienestar social?;¿Cuántas patentes de innovaciones significativas se registran al año? La vinculación de la investigación científica con las políticas públicas y con las empresas podría rendir excelentes resultados en beneficio del desarrollo económico y social del país. El aporte potencial de las Universidades y otros centros de investigación científica rebasa el marco de la mera formación de profesionales calificados. La actualización de ese potencial es perentoria. La creación de vías de integración entre Estado, empresas e investigación científica a lo menos en áreas estratégicas de nuestro desarrollo es indispensable. Algunos de nuestros centros de investigación hacen contribuciones importantes en su campo de especialización en ciencias básicas, en medicina, en economía, en humanidades. Sin embargo, son centros que en el país están aislados, carecen de mecanismos de interrelación con otras entidades educacionales, con empresas económicas, con instituciones estatales, lo que impide la difusión y comercialización de ideas valiosas. Más que poner el acento en crear instituciones esos centros debieran asumir mecanismos de interrelación: encadenamientos de investigación, innovación, producción, financiamiento, marketing, educación y más. Es una interdependencia funcional la que aplicada a la producción económica, fue denominada por el Profesor de Harvard Michael Porter, como “clusters”.
Una institución distinta de esos centros sería de utilidad si estuviese capacitada para relacionar los diversos resultados emanados de ellos en un nivel de amplitud mayor
Vías diferentes son las que instituciones educativas debieran establecer con empresas públicas y privadas a los fines de una mayor interacción para los efectos de la formación de los recursos humanos en los distintos niveles de calificación. 
El país debiera ya estar alerta acerca de lo que los expertos en el tema de la innovación tecnológica vaticinan para un futuro próximo. Es lo que se ha dado en llamar la cuarta revolución industrial, cuyos artífices serían: las nanotecnologías, las neurotecnologías, los robots, la inteligencia artificial (AI), la biotecnología, los sistemas de almacenamiento de energía, los drones y las impresoras 3D. Vaticinios que en algunos países ya se trabaja para concretarlos. Ejemplos de lo anterior es el desarrollo de los robots en Japón, de los drones en Estados Unidos y otros países, el despliegue de la utilización de las impresoras 3D, los proyectos fabriles de alta tecnología en que se trabaja en Alemania, entre otros. En el ámbito industrial se trata de la automatización total de la manufactura. Las fábricas serían verdaderamente inteligentes. En un sector tan alejado del industrial como el legal estas tecnologías están penetrando. Véase al respecto el artículo “Inteligencia Artificial y Big Data cobran fuerza en estudios de abogados internacionales” (Diario Financiero, versión Online, 5 de octubre 2017) Y, claro, los drones ya están participando en labores de vigilancia en Santiago detectando el micro tráfico de drogas en las comunas del sector oriente de la ciudad. Lo dramático es lo que en el Foro Económico Mundial se ha señalado. Estos cambios que se avecinan significarían la pérdida de cinco millones de empleos en los quince países más industrializados. Es un ejemplo de los riesgos que acarrean los cambios mayores para sociedades e individuos. Y de los desafíos que implican. ¿Cuántos empleos se perderán con la introducción de los vehículos autónomos, sin conductor, por ejemplo? En el artículo citado del Diario Financiero se informa que a nivel global las nuevas tecnologías impactarán al 15% de la empleabilidad del sector legal.
Frente a estos desafíos los países deben estar preparados. Los emergentes en Asia ya comienzan a hacerlo, no así en América Latina. Sólo los países capaces de innovar y adaptarse podrán aprovechar los beneficios que esta revolución tecnológica traerá consigo. Ello hará necesario realizar cambios no sólo en la producción sino también en la sociedad a fin de incluir al conjunto de la población en un nuevo orden económico y social. Este nuevo orden requerirá otros servicios y otras habilidades. La sana recreación, las actividades artísticas y la infraestructura para ellas, las necesidades de la tercera edad, la educación tanto formal como informal sin límites de edad serán demandadas en los países con políticas públicas que estimulen la innovación y premien la imaginación. Ello tenderá a mejorar la calidad de vida de las todos, la habitabilidad y belleza de las ciudades, la inclusión social. De modo que el desempleo no es una consecuencia necesaria del cambio tecnológico.
El statu quo no es de esta época y tampoco lo será del futuro. De lo contrario las actuales desigualdades se llevarán a un extremo. La tarea es, como dice Klaus Schwab, fomentar “un futuro que funcione para todos al poner a la gente primero, potenciándola y recordando constantemente que todas estas nuevas tecnologías son, ante todo, herramientas hechas por las personas y para las personas” (La cuarta revolución industrial; Barcelona: Penguin Random House Grupo Editorial; 2016; pág.143).
El empleo del futuro será en trabajos que actualmente no conocemos, en fábricas que no existen, donde la maquinaria será coordinada con los   procesos digitales, de modo independiente de la mano de obra. Carlos Marx lo enfatizó en el S.XIX: son los medios de producción, la base material de la sociedad, los que determinan la superestructura social, cultural y política de ella. Dado que el capitalismo del S.XX ha demostrado la verdad de este aserto, debemos atender cuidadosamente a este cambio que surge en la producción material de la sociedad, gestado en lo esencial por la innovación tecnológica. Este desarrollo podría prescindir de una gran proporción de la mano de obra actualmente existente. ¿Cómo se organizará la sociedad si no hay trabajo para todos?; ¿Cómo subsistirán aquellos que no tengan empleo?; ¿Habrá realmente un grupo numeroso totalmente superfluo?; ¿Qué habilidades laborales se demandarán?; ¿Qué oficios y profesiones se estiman desde ya que desaparecerán en el futuro próximo? 
Respecto de la formación para el trabajo en Chile estamos al debe. Así lo ha declarado el presidente de la Comisión Nacional de Productividad. “El sistema de formación profesional en Chile no satisface las necesidades actuales ni futuras del país…tenemos que educar para la tecnología del futuro. No solo hay que asegurar que todos sean alfabetos funcionales, sino que tienen que ser alfabetos digitales” (Joseph Ramos; El Mercurio; 24 de septiembre de 2017: pág. C 6). 
Preocupaciones similares a las anteriores ha manifestado Eduardo Bitran, Vicepresidente Ejecutivo de CORFO cuando escribe: “La emergencia de tecnologías disruptivas amenaza con dejar obsoletas las formas de trabajo y de producción que conocemos” Y luego se interroga: “¿Cómo enfrentamos la revolución digital y su impacto en la producción y los servicios?; ¿Cómo nos subimos a las nuevas tendencias tecnológicas asociadas al desafío de la sustentabilidad y el cambio climático, y permitimos a su vez generar nuevas actividades económicas con un mayor componente de servicios sofisticados?” (Columna “Estado y la transformación productiva”; La Tercera; 23 de septiembre de 2017, pág.10).
Escrito por Manuel Barrera Romero
Octubre de 2017. Las Condes, Santiago


viernes, 27 de octubre de 2017

Continuidad y cambio

Tanto en la sociedad global como en las organizaciones -empresas u otras-, el devenir consiste en una permanente continuidad y en un persistente cambio. Lo antiguo, sobre lo cual está construida la identidad, y lo nuevo que permite la adaptación y el progreso. Ninguna sociedad y ninguna organización podrían sobrevivir si prescindieran de cualquiera de estos dos procesos: la permanencia y la renovación. Es una polaridad que, como otras del mundo natural y del social, se complementan como dar origen a una nueva unidad indispensable.
De modo que los sucesivos gobiernos no pueden ser la mera continuidad de los anteriores, dado que en el intertanto han variado muchas realidades tanto de la vida interna del país como, sobre todo, del mundo exterior.
Es cierto que existen épocas que se caracterizan por lo uno o por lo otro. ¿Qué duda cabe que la nuestra, sea para bien o para mal, es una en la que el cambio tiene mayor vigencia que la continuidad? Sin embargo, aún en estos tiempos, el cambio permanente y total es un absurdo irrealizable en el mundo social. Su vigencia, preconizada por alguna filosofía política, fue puramente ideológica. Cuando se ha intentado una aproximación a tal frenesí, las sociedades se han desarticulado y las organizaciones perecido.

En una unidad social, que posea una estructura de relaciones democráticas, ese tipo de cambio no puede darse. Las estructuras políticas democráticas están dotadas de poderosos mecanismos conservadores que favorecen la tradición y, por su lado, la costumbre social tiene una inercia que suele morigerar lo nuevo de modo de compaginarlo con lo preexistente. El cambio se hace parte de la realidad social una vez que ha sido compatibilizado con aquellos mecanismos. De modo que el cambio económico y social en nuestra época es complejo, aunque obligatorio para la preservación y el desarrollo de los organismos sociales, toca los más variados aspectos de la realidad y muchos de sus efectos son, desafortunadamente, impredecibles. Incluso, algunos, constituyen consecuencias no deseadas. Tal por ejemplo, el modo en que han venido cambiando en las últimas décadas las relaciones del Estado con la sociedad y las personas. Y las de la sociedad y las personas entre sí.
Por todo ello, el manejo del cambio requiere de una gran sabiduría para que lo nuevo tenga éxito y ayude a la sociedad o a la organización a progresar. Si la escala es grande -como la sociedad global- tal manejo no puede ser obra de quienes poseen una experiencia limitada a situaciones específicas o excepcionales. Las “mejores prácticas” como fuente de inspiración para diseñar cambios mayores es una fórmula a la que se acude sobre todo en relación a políticas públicas, por parte de autoridades de gobiernos y parlamentos.
Sin duda que esa estrategia puede ser adecuadas como meta ideal a alcanzar. Sin embargo, el traslado exitoso de prácticas externas a una realidad nacional muy diferente del original es improbable. El conocimiento de la realidad en el área específica es indispensable. En cambios menores es posible que la imitación (o copia) puede convenir cuando no se poseen los recursos para la investigación y la innovación. Es una estrategia seguida por muchos países y empresas.
El cambio en los tiempos que corren forma parte de la dinámica misma de los procesos globales que rigen a la economía y a la política. De modo que los sucesivos gobiernos no pueden ser la mera continuidad de los anteriores, dado que en el intertanto han variado muchas realidades tanto de la vida interna como, sobre todo, del mundo exterior.
Los motores que dinamizan los cambios en nuestra época son, por un lado, la creación científica y la innovación tecnológica. Y, por el otro, la opinión pública. Los primeros no tienen patria, ocurren en distintos lugares. Su aplicación económica y comercial escapa al control de los países individuales. Por ello aparecen como locomotoras que arrastran a su paso con industrias, comercios y hábitos de la vida económica local. En cuanto a la opinión pública, si bien es cierto que su percepción ocurre a nivel nacional, posee una creciente capacidad para erigirse, en el mundo democrático, en una institución dominante. Lo hace en la misma medida en que avanza el actual proceso de desinstitucionalización.
Todo gobierno futuro, en el país o en la organización, deberá acometer el cambio no porque el liderazgo anterior lo hizo mal (aunque pudo haberlo hecho), sino porque toda economía y unidad social dinámicas pueden sobrevivir, como tales, sólo si pueden adaptarse a los nuevos descubrimientos científicos y tecnológicos; a las renovadas maneras de hacer las cosas que traen consigo; y, en no pocas ocasiones, a las demandas y aspiraciones de la opinión pública.
Respecto de los cambios que los líderes propongan es necesario que las personas involucradas sepan: ¿cuáles son exactamente esos cambios?; ¿cómo se implementarán (forma, ritmo, cuantía, participación); ¿cuáles son los objetivos y cuáles los recursos políticos, institucionales, financieros, humanos involucrados?; ¿qué efectos tendrán esos cambios sobre ellas y cómo se manejarán las consecuencias negativas, si las hubiese?
Llegado el momento del cambio, su realización es imperativa. Es tarea del liderazgo percibir ese momento. Su misión consistirá de ahí en más en orientar a todos para la realización del nuevo objetivo y asumir la responsabilidad de su implementación. Liderar consiste cada vez más en abrir nuevas posibilidades, en proyectar a personas y organizaciones hacia un futuro que hasta ese momento nadie percibía.
Por otro lado, debemos equipar a nuestros hijos para enfrentar los cambios. No podemos dejarlos indefensos ante ellos, sino dotarles de la confianza y fortaleza necesarias para enfrentarlos con coraje y sabiduría. El statu quo no es de esta época. La polaridad continuidad y cambio es el signo de los tiempos.




martes, 17 de octubre de 2017

Una nueva era tecnológica y la investigación científica. MBR

                                                                                               

El país debiera ya estar alerta acerca de lo que los expertos en el tema de la innovación tecnológica vaticinan para un futuro próximo. Es lo que se ha dado en llamar la cuarta revolución industrial, cuyos artífices serían: las nanotecnologías, las neurotecnologías, los robots, la inteligencia artificial (AI), la biotecnología, los sistemas de almacenamiento de energía, los drones y las impresoras 3D. Vaticinios que en algunos países ya se trabaja para concretarlos. Ejemplos de lo anterior es el desarrollo de los robots en Japón, de los drones en Estados Unidos y otros países, el despliegue de la utilización de las impresoras 3D, los proyectos fabriles de alta tecnología en que se trabaja en Alemania, entre otros. Se habla de una nueva fase en el desarrollo tecnológico por la potencia innovadora que surgirá de la combinación de esos variados nuevos hallazgos.  En el ámbito industrial se trata de la automatización total de la manufactura. Las fábricas serían verdaderamente inteligentes. Lo dramático es lo que en el Foro Económico Mundial se ha señalado. Estos cambios que se avecinan significarían la pérdida de cinco millones de empleos en los quince países más industrializados. Es un ejemplo de los riesgos que acarrean los cambios mayores para sociedades e individuos. Y de los desafíos que implican. ¿Cuántos empleos se perderán con la introducción de los vehículos autónomos, sin conductor, por ejemplo? Frente a estos desafíos los países deben estar preparados. Los emergentes en Asia ya lo hacen, no así en América Latina. Sólo los países capaces de innovar y adaptarse podrán aprovechar los beneficios que esta revolución tecnológica traerá consigo. Ello hará necesario realizar cambios no sólo en la producción sino también en la sociedad a fin de incluir al conjunto de la población en un nuevo orden económico y social. El statu quo no es de esta época y tampoco lo será del futuro.
El empleo del futuro será en trabajos que actualmente no conocemos, en fábricas que no existen, donde la maquinaria será coordinada con los   procesos digitales, de modo independiente de la mano de obra. Carlos Marx lo enfatizó en el S.XIX: son los medios de producción, la base material de la sociedad, los que determinan la superestructura social, cultural y política de ella. Dado que el capitalismo del S.XX ha demostrado la verdad de este aserto, debemos atender cuidadosamente a este cambio que surge en la producción material de la sociedad, gestado en lo esencial por la innovación tecnológica. Este desarrollo podría prescindir de una gran proporción de la mano de obra actualmente existente. ¿Cómo se organizará la sociedad si no hay trabajo para todos?; ¿Cómo subsistirán aquellos que no tengan empleo?; ¿Habrá realmente un grupo numeroso totalmente superfluo?; ¿Qué habilidades laborales se demandarán?; ¿Qué oficios y profesiones se estiman desde ya que desaparecerán en el futuro próximo?    
 Lo anterior se vincula muy directamente con la investigación en ciencia y tecnología. En nuestro país es notoria la desconexión de la investigación científica (universitaria en la mayor parte) y las organizaciones públicas y privadas, económicas y de servicios. También la invisibilidad del quehacer científico universitario para la opinión pública. ¿Cuáles son los temas de preocupación?; ¿Qué conexión tienen con la realidad nacional?; ¿Las empresas públicas y privadas se benefician con ese trabajo?; ¿Dan lugar esos estudios a innovaciones útiles para la economía y el bienestar social?;¿Cuántas patentes de innovaciones significativas se registran al año? La vinculación de la investigación en ciencia y tecnología con las políticas públicas y con las empresas podría rendir excelentes resultados en beneficio del desarrollo económico y social del país. El aporte potencial de las Universidades y otros centros de investigación rebasa el marco de la mera formación de profesionales calificados. La actualización de ese potencial es perentoria. La creación de vías de integración entre Estado, empresas e investigación a lo menos en áreas estratégicas de nuestro desarrollo es indispensable para innovar y adaptarse al ambiente productivo que creará la coordinación de las tecnologías señaladas anteriormente. Vías diferentes de aquellas que se mantengan a los fines de una mayor coherencia entre esos actores para los efectos de la formación de los recursos humanos en los diferentes niveles de calificación. Chile ha tenido éxito en avanzar hacia una alta cobertura educacional en los distintos tramos etarios. Sobre este logro hay que construir para enfrentar los desafíos señalados. Todo indica que la Reforma Educacional que se necesita ahora es una radical mejora de la calidad.

Temas a considerar en tiempos de elecciones. MBR

                                
                                                                     
1.- Nuestra tradición nacional es que se articulen y se propongan programas gubernamentales durante el proceso eleccionario. Pero en ese proceso es imposible prever los imprevistos que se presentan tanto con las cada vez más frecuentes catástrofes naturales y, sobre todo, con los cambios tecnológicos, científicos y sociales que actualmente se caracterizan por ser más numerosos y también de frecuente ocurrencia. Si los líderes políticos no están enterados, como es posible que ocurra, se produce un rezago entre sus percepciones y la realidad. Por ello en lo que sigue se mencionan algunas áreas en las que deberíamos como país poner atención, en la opinión del suscrito.

2.- Una contradicción a resolver en forma equilibrada es: ¿Cómo conciliar una visión del desarrollo del país de mediano o largo plazos con la necesidad de solucionar los actuales problemas urgentes de la población? Respecto de estos últimos en el país se ha producido una suerte de consenso en cuanto a su identificación. Se difiere en las soluciones. Son los temas de delincuencia/drogas, salud, educación, empleo/sueldos, descentralización, desigualdad y corrupción; los principales. Respecto de ellos la población los ve como necesarios de ser resueltos desde ya. Aquí y ahora (hic et nunc). Pero una visión de plazo mayor es también necesaria. Y se debe conciliar lo uno y lo otro. Por ejemplo: se ha propuesto bajar las emisiones contaminantes en un determinado porcentaje en Chile al año 2050; pero hoy día niños y adultos mayores enferman y mueren por un ambiente contaminado.  Para plantear metas futuras y lograrlas se requiere que la sociedad y sus dirigentes tengan, primero, el control del presente.

Nuestra institucionalidad poco ayuda a dar cuenta de esta necesidad. Tanto el corto periodo presidencial como el relevo que se produce en el aparato del Estado después de cada periodo presidencial presionan a poner el acento en los temas inmediatos. Hay que considerar que en nuestra época el futuro está marcado por cambios aún mayores que los ya experimentados. Por otro lado, los motores que los dinamizan escapan a nuestro control. Son, por un lado, la creación científica y la innovación tecnológica. Y, por el otro, la opinión pública. Los primeros no tienen patria, ocurren en distintos lugares. Su aplicación económica y comercial están fuera del control de los países individuales. Por ello aparecen como locomotoras que arrastran a su paso con industrias, comercios y hábitos de la vida económica local y de la misma vida social. Tal como hemos visto en Chile con las TICs, las tecnologías de la información y de las comunicaciones. En cuanto a la opinión pública, si bien es cierto que su influencia mayor ocurre a nivel nacional, posee una creciente capacidad para erigirse, en el mundo democrático, en una institución dominante, traspasando fronteras.  Lo hace en la misma medida en que avanza el actual proceso de desinstitucionalización, que tiene como fuentes a la deshonestidad y, consecuentemente, a la desconfianza, un sentimiento extendido en la sociedad del Siglo XXI.                  


3.- Para enfrentar los actuales desafíos es imprescindible conciliar la acción política con el necesario “expertise” para encarar los cambios con políticas públicas. La dificultad nacional emana de la distancia que existe entre los que toman las decisiones políticas y los profesionales, científicos y técnicos que poseen el conocimiento. El punto es que el campo de reclutamiento de las autoridades gubernamentales, de los ejecutivos de las empresas públicas, de los miembros de los Consejos de empresas en que el Estado tiene representación está constituido por los partidos políticos de la coalición de gobierno. Y en el caso de las empresas privadas por las familias que poseen grandes fortunas. Es decir, la calidad y la idoneidad de los cientos de autoridades cuyos nombramientos realizan los gobiernos depende de la calidad e idoneidad de los militantes de los partidos. Es la partidocracia.  Habitualmente este término se usa para caracterizar aquella forma de Estado en que las oligarquías partidistas asumen la soberanía efectiva. De modo que aún al interior de los partidos la ocupación de altos cargos se da dentro de una acotada nómina de militantes políticos. Con el alto desprestigio de los partidos es difícil que los mejores profesionales, técnicos y científicos, se interesen por incorporarse a ellos. Solo lo hacen los que tienen una acendrada vocación de servicio público y las características de personalidad que ese rol requiere. En la economía privada debido a la existencia de monopolios y oligopolios las decisiones que afectan a sectores importantes de la economía quedan a la voluntad de pocos individuos. Sólo instituciones estatales solventes pueden poner límites y encauzar con prudencia y firmeza esas voluntades.
En la actualidad la existencia de un sistema de partidos con una institucionalidad potente e idónea es una necesidad prioritaria. Ella permitiría enfrentar los desafíos que surgen, por un lado, de la evolución de la ciencia, la tecnología, el medio ambiente y, por otro, de las demandas de la sociedad. Ya que los partidos políticos bien constituidos son indispensables en las sociedades democráticas. De lo contrario el populismo, la demagogia, las ambiciones personalistas, la incompetencia frustrarán las posibilidades de todo progreso.

4.- Es notoria la desconexión de la investigación científica (universitaria en la mayor parte) y las organizaciones públicas y privadas, económicas y de servicios. También lo es la invisibilidad del quehacer científico universitario para la opinión pública. ¿Cuáles son los temas de preocupación?; ¿Qué conexión tienen con la realidad nacional?; ¿Las empresas públicas y privadas se benefician con ese trabajo?; ¿Dan lugar esos estudios a innovaciones útiles para la economía y el bienestar social?;¿Cuántas patentes de innovaciones significativas se registran al año? La vinculación de la investigación científica con las políticas públicas y con las empresas podría rendir excelentes resultados en beneficio del desarrollo económico y social del país. El aporte potencial de las Universidades y otros centros de investigación científica rebasa el marco de la mera formación de profesionales calificados. La actualización de ese potencial es perentoria. La creación de vías de integración entre Estado, empresas e investigación científica a lo menos en áreas estratégicas de nuestro desarrollo es indispensable. Algunos de nuestros centros de investigación hacen contribuciones importantes en su campo de especialización en ciencias básicas, en medicina, en economía, en humanidades. Sin embargo, son centros que en el país están aislados, carecen de mecanismos de interrelación con otras entidades educacionales, con empresas económicas, con instituciones estatales, lo que no facilita la difusión y comercialización de ideas valiosas. Más que poner el acento en crear instituciones esos centros debieran asumir mecanismos de interrelación: encadenamientos de investigación, innovación, producción, financiamiento, marketing, educación y más. Es una interdependencia funcional que aplicada a la producción económica fue denominada por el Profesor de Harvard Michael Porter, como “clusters”.
Una institución distinta de esos centros sería de utilidad si estuviese capacitada para relacionar los diversos resultados emanados de ellos en un nivel de amplitud mayor.
Vías diferentes son las que instituciones educativas debieran establecer con empresas públicas y privadas a los fines de una mayor interacción para los efectos de la formación de los recursos humanos en los distintos niveles de calificación.

5.- El país debiera ya estar alerta acerca de lo que los expertos en el tema de la innovación tecnológica vaticinan para un futuro próximo. Es lo que se ha dado en llamar la cuarta revolución industrial, cuyos artífices principales serían actualmente: las nanotecnologías, las neurotecnologías, los robots, la inteligencia artificial (AI), la biotecnología, los sistemas de almacenamiento de energía, los drones y las impresoras 3D. Vaticinios que en algunos países ya se trabaja para concretarlos. Ejemplos de lo anterior es el desarrollo de los robots en Japón, de los drones en Estados Unidos y otros países, el despliegue de la utilización de las impresoras 3D, los proyectos fabriles de alta tecnología en que se trabaja en Alemania, entre otros. En el ámbito industrial se trata de la automatización total de la manufactura. Las fábricas serían verdaderamente inteligentes. En un sector tan alejado del industrial como el legal estas tecnologías también están penetrando. Véase al respecto el artículo “Inteligencia Artificial y Big Data cobran fuerza en estudios de abogados internacionales” (Diario Financiero, versión Online, 5 de octubre de 2017) Y, claro, los drones ya están participando en labores de vigilancia en Santiago detectando el micro tráfico de drogas en las comunas del sector oriente de la ciudad. Lo dramático es lo que en el Foro Económico Mundial se ha señalado. Estos cambios que se avecinan significarían la pérdida de cinco millones de empleos en los quince países más industrializados. Es un ejemplo de los riesgos que acarrean los cambios mayores para sociedades e individuos. Y de los desafíos que implican. ¿Cuántos empleos se perderán con la introducción de los vehículos autónomos, sin conductor, por ejemplo? En el artículo citado del Diario Financiero se informa que a nivel global las nuevas tecnologías impactarán al 15% de la empleabilidad del sector legal.
Frente a estos desafíos los países deben estar preparados. Los emergentes en Asia ya comienzan a hacerlo, no así en América Latina. Sólo los países capaces de innovar y adaptarse podrán aprovechar los beneficios que esta revolución tecnológica traerá consigo. Ello hará necesario realizar cambios no sólo en la producción sino también en la sociedad a fin de incluir al conjunto de la población en un nuevo orden económico y social. Este nuevo orden requerirá otros servicios y otras habilidades. La sana recreación, las actividades artísticas y la infraestructura para ellas, las necesidades de la tercera edad, la educación tanto formal como informal permanentes, sin límites de edad, serán demandadas en los países con políticas públicas que estimulen la innovación y premien la imaginación. Ello tenderá a mejorar la calidad de vida de todos, la habitabilidad y belleza de las ciudades, la inclusión social. De modo que el desempleo no es una consecuencia necesaria del cambio tecnológico.
El statu quo no es de esta época y tampoco lo será del futuro. De lo contrario las actuales desigualdades se llevarán a un extremo. La tarea es, como dice Klaus Schwab, fomentar “un futuro que funcione para todos al poner a la gente primero, potenciándola y recordando constantemente que todas estas nuevas tecnologías son, ante todo, herramientas hechas por las personas y para las personas” (La cuarta revolución industrial; Barcelona: Penguin Random House Grupo Editorial; 2016; pág.143).
El empleo del futuro será en trabajos que actualmente no conocemos, en fábricas que no existen, donde la maquinaria será coordinada con los   procesos digitales, de modo independiente de la mano de obra. Carlos Marx lo enfatizó en el S.XIX: son los medios de producción, la base material de la sociedad, los que determinan la superestructura social, cultural y política de ella. Dado que el capitalismo del S.XX ha demostrado la verdad de este aserto, debemos atender cuidadosamente a este cambio que surge en la producción material de la sociedad, gestado en lo esencial por la innovación tecnológica. Este desarrollo podría prescindir en algunos países de una gran proporción de la mano de obra actualmente existente. ¿Cómo se organizarán tales sociedades si no hay trabajo para todos?; ¿Cómo subsistirán aquellos que no tengan empleo?; ¿Habrá realmente un grupo numeroso totalmente superfluo? Desde ya los países emergentes debieran preguntarse: ¿Qué habilidades laborales se demandarán?; ¿Qué oficios y profesiones se estiman desde ya que desaparecerán en el futuro próximo? 
Respecto de la formación para el trabajo en Chile estamos al debe. Así lo ha declarado el presidente de la Comisión Nacional de Productividad. “El sistema de formación profesional en Chile no satisface las necesidades actuales ni futuras del país…tenemos que educar para la tecnología del futuro. No solo hay que asegurar que todos sean alfabetos funcionales, sino que tienen que ser alfabetos digitales” (Joseph Ramos; El Mercurio; 24 de septiembre de 2017: pág. C 6). 
Preocupaciones similares a las anteriores ha manifestado Eduardo Bitran, Vicepresidente Ejecutivo de CORFO cuando escribe: “La emergencia de tecnologías disruptivas amenaza con dejar obsoletas las formas de trabajo y de producción que conocemos” Y luego se interroga: “¿Cómo enfrentamos la revolución digital y su impacto en la producción y los servicios?; ¿Cómo nos subimos a las nuevas tendencias tecnológicas asociadas al desafío de la sustentabilidad y el cambio climático, y permitimos a su vez generar nuevas actividades económicas con un mayor componente de servicios sofisticados?” (Columna “Estado y la transformación productiva”; La Tercera; 23 de septiembre de 2017, pág.10)

6.- Chile ha tenido éxito en avanzar hacia una alta cobertura educacional en los distintos tramos etarios. Sobre este logro hay que construir para enfrentar los desafíos señalados. Todo indica que la Reforma Educacional que se necesita ahora es una radical mejora de la calidad. Si se quiere vincular esta reforma con el ideal de disminuir las desigualdades sociales y ofrecer mejores oportunidades de vida para los sectores sociales bajos y medios deberá ponerse énfasis en elevar la calidad de la educación pública desde los niveles infantiles hasta los universitarios. Eso haría de nuestra sociedad una más justa, más inclusiva y más democrática. Nuestra élite política y empresarial, de izquierda, de centro y de derecha, con pocas excepciones, se ha educado muy mayoritariamente en los establecimientos educacionales privados. Esta tendencia lejos de disminuir en las últimas décadas ha aumentado, sobre todo en la educación básica y media. En esos niveles se crean las redes de amistad que perduran de por vida. De modo que es imperativo concebir una estrategia e implementar un programa tendiente a elevar la calidad de la educación pública, si la disminución de las desigualdades se constituye en una meta nacional.

7.- Hay dos procesos sociales que contribuye a dar mayor relevancia al estado de ansiedad, incertidumbre y malestar con que los ciudadanos estamos viviendo esta nueva etapa de la humanidad: la deshonestidad y la desconfianza. Si los agentes públicos y privados-los gobiernos, las empresas, los partidos políticos, los movimientos sociales, las organizaciones multilaterales- no dan respuesta a los problemas acuciantes aumenta el temor al futuro y las instituciones pierden su pasada legitimidad, por esa falta de eficacia. La delincuencia, la corrupción, la irresponsabilidad funcionaria, la indisciplina social, la chabacanería en los medios de comunicación, el irrespeto a la autoridad y, en general al Otro (el prójimo), están coloreando con tonos crisis la convivencia nacional. En los últimos meses hemos sido testigos de numerosos eventos en los cuales han sido protagonistas prestigiosas instituciones del país en casos insospechados de corrupción y también de un aumento de la violencia delictiva.  Por otro lado, la reivindicación política y social habitualmente pone el acento sólo en los derechos de los ciudadanos. Es así como actualmente asistimos a una inflación de la reivindicación de derechos y una deflación en cuanto al cumplimiento de los deberes. Ello se facilita por la tendencia al populismo y la demagogia prontas a surgir en épocas de crisis y … de elecciones.
En épocas de cambios la confianza deviene en un sentimiento muy valioso, de modo que la superación de la desconfianza en sí mismo (el Yo), en los demás (el Otro) y en las instituciones es un esfuerzo ineludible para toda sociedad que pretenda enfrentar con éxito los actuales desafíos. (Véase al respecto el artículo “Cómo superar la desconfianza” Manuel Barrera R; chilehaciadondevas.blogspot.cl)
Entre otras medidas, corresponde implementar las recomendaciones olvidadas sobre los temas de probidad, reforma de los partidos políticos, los vínculos de las empresas con el financiamiento de la política propuestos por la "Comisión Asesora Presidencial contra los Conflictos de Interés, el Tráfico de Influencias y la Corrupción". En otra área de nuestras preocupaciones sería asimismo de conveniencia estudiar la aplicación de las propuestas de la Comisión Nacional de Productividad, Según estudios de esta Comisión la “Productividad Total de Factores” (PTF), es decir la eficiencia del trabajo y del capital, a nivel agregado, se ha desacelerado persistentemente en los últimos 15 años. Es un tema que no se puede obviar.
En la campaña electoral se ha propuesto, entre otras, como meta del país el logro de un crecimiento económico sustentable. Para ello se indica que se deben mejorar tanto las cifras del empleo como de la inversión. Al mismo tiempo se postula la necesidad acrecentar el llamado capital humano y la productividad. ¿Cuáles serían las políticas a implementar para alcanzar estos logros? A estas alturas de la campaña no se han enunciado claramente los mecanismos para alcanzar esas metas.
Un crecimiento económico sustentable en un escenario de innovaciones tecnológicas y cambios sociales de la magnitud como los que están en gestación requieren de un ecosistema valórico y cultural (motivaciones, expectativas, actitudes, hábitos, comportamientos) compatible con las conductas a que esas innovaciones y cambios obligan. De modo que hay que pasar del plano de las declaraciones al práctico: poner el hilo en la aguja.   
Santiago, octubre de 2017

Agradecimientos: A Gunther Borocheck, Profesor de la Universidad de Harvard, por haber leído el borrador y por sus valiosas observaciones.

Se ruega enviar cualquier observación o comentario a:

lunes, 9 de octubre de 2017

Cómo superar la desconfianza


                                                                                                                                        Manuel Barrera R.
La confianza de los ciudadanos en las instituciones y actores del sistema político y del económico ha llegado en Chile, en los últimos años, a niveles históricos mínimos. La crisis de credibilidad, en especial, ha impactado especialmente la subjetividad del hombre/mujer común. La desconfianza es un sentimiento cercano al miedo y al malestar, los que empobrecen el tejido social del país.  A este nivel constituye un proceso que aumenta la ansiedad e incertidumbre, muy presentes en esta etapa que vive, hoy por hoy, no sólo nuestro país sino gran parte de la humanidad. Las causas objetivas en Chile y en el mundo, detrás de estos sentimientos, no son nuevas. Se vienen gestando desde las últimas décadas del siglo pasado. En todo caso es una historia relativamente reciente.

Una aproximación desde la perspectiva de las ciencias sociales sobre este fenómeno que ha irrumpido en la sociedad global,  podría rendir  frutos que lo harían mas inteligible. ¿Por qué en las sociedades abiertas, con regímenes políticos democráticos, la confianza se ha vuelto un sentimiento disminuido dando paso a un  inédito descrédito de personas, colectivos sociales e instituciones?
Una investigación amplia sobre este fenómeno debiera referirse, a lo menos, a cuatro temas. Uno, describir los conceptos de confianza y desconfianza. Y los niveles del análisis, si  individual o social. Dos, desentrañar los factores y circunstancias que determinan la existencia y la percepción de la confianza y la de desconfianza en una sociedad dada. Tres, cuáles son los efectos de una y otra sobre tal sociedad. Cuatro, cómo se podría restaurar la confianza en cada uno de los niveles de análisis, si en ellos se ha instalado la desconfianza. No pretendemos hacer un análisis exhaustivo de cada uno de los temas en los límites de este artículo,  aunque los tendremos presentes.

La confianza, o su contraria, es un sentimiento que puede referirse a uno mismo, hacia otras personas o  hacia entes impersonales como las instituciones políticas, jurídicas,  económicas y otras. La confianza es el sentimiento de que algo es real,  verdadero o correcto, y que el futuro será mejor. Se expresa en la conocida frase de los optimistas: “somos nosotros quienes hacemos que las cosas sucedan”. Es un estado subjetivo más emocional que intelectual. La confianza y su contrario la desconfianza, no obedecen necesariamente a causales lógicas verificables empíricamente. Dado lo cual confianza y desconfianza son más “estados de ánimo” teñidos de subjetividad que actitudes basadas en ejercicios racionales acerca del acontecer real. Ánimo que puede estar dirigido hacia un gobierno; hacia el Yo, la identidad personal; o hacia el prójimo, el Otro; o a la sociedad misma. La falta de confianza en un gobierno consiste habitualmente en que la  gente no siente que su políticas sean sabias y convenientes, y/o que sus dichos sean creíbles. La desconfianza en sí  mismo, en el Otro y en las instituciones es una experiencia psicológica y social cada más frecuente en los tiempos actuales, alrededor del mundo.

Es evidente que si la confianza es el sentimiento dominante en una sociedad, sus posibilidades de desarrollo, de paz social,  de bienestar y satisfacción para las personas podrán desplegarse de modo armonioso y grato. Porque el “progreso” al decir del sociólogo Zygmunt Bauman (Modernidad líquida; 2002) no representa ninguna cualidad de la historia sino la confianza del presente en si mismo.” A contrario sensu,  la falta de este sentimiento impide la concreción de aquéllas posibilidades. De modo que  la confianza es condición necesaria, aunque no suficiente, para el crecimiento económico y, más aún, para el desarrollo socioeconómico. Esto que es válido en general para todas lo es especialmente para las economías de mercado. De modo que la confianza en el presente es indispensable para alcanzar metas futuras. De aquí el dicho: “no hay défiance sin confianse, no hay desafío sin confianza. Con razón dirigentes empresariales en Chile han puesto el acento en el tema de la desconfianza. De ello dan cuenta las declaraciones del empresario Bernardo Matte: “recuperar la confianza es el corazón, el primer paso para retomar la senda del crecimiento y revalorizar la contribución de la empresa” (El Mercurio; 9 de Julio 2017; p. B 7).

La confianza de las personas en sí mismas es un sentimiento que se ha visto disminuido por las características de la modernidad avanzada que ha dado origen, al decir del sociólogo alemán Ulrich Beck, a la sociedad del riesgo; (La sociedad del riesgo;2006). El conjunto de la vida económica, social y política ha evolucionado de modo tal que modelan una época incierta y azarosa. En efecto, una característica de nuestras sociedades es que el individuo debe enfrentar, con sus fuerzas y flaquezas, las contingencias de la vida que se presenta plena de incertidumbres. La vida para la persona común está pletórica de riesgos. Muchos de ellos son reales. A los cuales hay que añadir la “percepción de riesgos” que, en esta época de intensa comunicación audiovisual, aumenta la sensación de inseguridad y peligro, aunque dicha percepción no tenga un correlato en la realidad. Riesgos reales y percepción de riesgos, por tanto, no siempre coinciden. Frente a los riesgos, reales o imaginarios, los individuos están cada vez más solos. Con menos protección deben enfrentar más peligros. Es la “jaula del riesgo” como dice U. Beck. Cada uno es responsable de cada uno. En estas circunstancias el individuo tiene menos confianza en sí mismo que la que poseía en las sociedades estamentales o en las sociedades de clases tradicionales. La desconfianza alude a su destino personal, a sus capacidades para enfrentar los eventuales e inesperados desafíos del futuro. Ella es una de las causas de la corrupción, que es un camino torcido que se transita para alcanzar logros materiales que no se alcanzarían por caminos rectos.
Todo lo cual se acentúa cuando el individuo percibe la  sobreabundancia de riqueza en el entorno. Como suele decirse, la economía ha mejorado, pero lo que más ha aumentado es la riqueza de los ricos, en Chile y en el entorno económico exterior. Por su parte las ciudades son centros de desigualdad, lo que es insostenible para una sociedad urbana civilizada.
Con razón el ex presidente del Banco Central Vittorio Corbo se pregunta “¿Pero cuanto pesan las desigualdades socioeconómicas en el clima de desconfianza hacia el sector privado?” (El Mercurio; 9 de Julio de 2017, p. B 7) Es un interrogante a investigar.

El proceso de individualización repercute en la relación   persona y sociedad. Surge una nueva interacción entre el Yo y el Otro. En una sociedad individualista es infrecuente tener seguridad en la solidaridad  del próximo. En Chile las encuestas indican que un porcentaje muy reducido de los entrevistados confía en el Otro.  La desconfianza exagerada puede resultar en una personalidad paranoide que conduce al individuo al aislamiento y a la sociedad a esquemas tribales: una división en grupos pequeños, familiares o no. Son las neo tribus, que tienen sólidas lealtades internas. Neo porque ocurren en escenarios urbanos, al revés de las tradicionales. Son grupos de amistad que surgen de determinadas familias, de colegios particulares de la elite, son “trenzas” formadas por leales entre sí que se auto promueven rebasando, a veces, el marco nacional y proyectándose incluso a organizaciones internacionales. (Entre nosotros suelen encontrarse también al interior de los partidos políticos).

La confianza en el Otro disminuye, además, por la evolución de la vida económica, social y política. En ella se constata la desaparición de las clases y capas sociales en su sentido clásico. La clase obrera minera e industrial, la clase campesina ya no existen y, con ello, su ethos (misión histórica) dejó de tener vigencia no sólo para los obreros sino también para los partidos políticos antaño marxistas (como PC y PS chilenos), anarco sindicalistas y otros. La mayoría de la población en las sociedades avanzadas y también en las que transitan hacia allá, como Chile, nominalmente se adscribe a la clase media, que siendo tan  numerosa y heterogénea, no se identifica con una ideología, con valores o expectativas de clase social tradicional. En ella el proceso de individualización es cada vez más nítido. El individuo, responsable de su destino, debe enfrentar los riesgos que suelen desafiar su actual status, para muchos recién adquirido, o amenazar sus expectativas de ascenso social. Tiene pocas, si alguna, instancias de acogida. Las reivindicaciones planteadas al Estado o a la sociedad son específicas. Aluden a un determinado tema que les concierne a los participantes (educación superior gratuita, No+AFP, sanidad eficiente), que no recuerdan a las antiguas utopías sociales, las “grandes narraciones”, de otrora. Lo más cercano a esto último, pero limitado a un grupo, es la movilización del colectivo LGBT, de por sí acotado. No obstante, su discurso igualitario, que alude a su situación de vida en general, es más cercano a una visión más holística de lo social, que aquéllas reivindicaciones.

Si a esta falta de valores y acciones comunes se añaden las agresiones de grupos delictivos la solidaridad tiende a  desaparecer. Además, en nuestro país la desconfianza en el Otro se ha exacerbado con los escándalos empresariales, eclesiásticos, políticos e institucionales. Las relaciones competitivas, el consumo ostentoso, el trabajo asociado al compadrazgo y a las vinculaciones políticas, forman parte del sustrato en el cual la desconfianza en el Otro se despliega. De modo que  no sólo la lucha individual por la vida favorece la desconfianza en el Otro
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La convivencia cotidiana se ve afectada por estos procesos. En efecto, es notorio el deterioro en las conductas relacionadas con el respeto a los demás. Para muchos el Otro se vuelve invisible de modo que actúan sin considerar su presencia. Sin discreción se  rompe con el precepto que limita la libertad personal hasta donde comienza la libertad de los demás. El irrespeto añade más leña seca a la caldera de la desconfianza.  En situaciones históricas extremas el Otro se ha convertido en un enemigo implacable con el cual el diálogo no es posible, dando paso  a la violencia. Lamentablemente ello sucede actualmente en algunos países.
La falta de confianza en sí mismo y en el Otro facilita la desconfianza en las instituciones sobretodo en épocas de crisis económica y/o política.  Ella aparece cuando las instituciones, en la percepción del ciudadano, funcionan mal. ¿Funcionan o no lo hacen?. Cuando las personas perciben que las instituciones no son eficientes en el cumplimiento de sus tareas la discusión acerca de si funcionan o no, carece de sentido.

Sí, las instituciones funcionan. Tienen ejecutivos, funcionarios, horarios de trabajo, atienden público, etc. Pero su funcionamiento se percibe como ineficiente. Alejado, a veces, de las necesidades de la gente. Por ejemplo, el Poder Judicial funciona. Los delincuentes, en muchas ocasiones, son detenidos por la policía. Esta los lleva al  juzgado correspondiente. Ahí son procesados, pero las penas que se les aplica son tan leves que la ciudadanía se ha vuelto tan escéptica al respecto que declara que en el país “no hay justicia”, que la justicia no sirve para nada. Los jueces dicen que ellos aplican la ley. Es el caso, por ejemplo, de los delincuentes menores de edad, un fenómeno nuevo. Incitados por sus padres niños de sólo doce años participan, armados, en delitos (claro indicador de descomposición familiar). Como son inimputables de acuerdo a la ley quedan en libertad. Gran frustración de las víctimas. Mayor aún porque los Poderes Legislativo y Ejecutivo (que en Chile es co-legislador) no reaccionan prestamente para proteger al ciudadano común de las variadas estrategias delictivas, que cambian con rapidez. Tampoco para proteger a aquéllos menores. En este escenario la percepción pública es que los políticos parecieran vivir en una burbuja bien protegida con altos salarios, numerosas granjerías y dedicados a lo que más les place, la política menor: acusaciones mutuas, candidaturas diversas, querellas insubstanciales aunque mediáticas. Y, por tanto, la opinión pública percibe que una brecha, demasiado ancha, separa a los  políticos de sus electores. Es la crisis de representatividad.

¿Cómo enfrentar y reparar las crisis de confianza?
De partida hay que tener presente que cuando ocurren episodios que afectan la subjetividad de las personas se está en presencia de un fenómeno que no puede enfrentarse con las herramientas que tradicionalmente usan los gobiernos, las empresas y la sociedad para resolver problemas objetivos, situados en el mundo de lo real. El problema es que si los agentes públicos y privados -gobierno, parlamento, judicatura, partidos políticos, movimientos sociales, organizaciones gremiales- no dan respuesta a estos problemas,  aumenta el temor al futuro. Y las instituciones pierden, aún más, su pasada legitimidad por esa falta de eficacia. Es necesario, entonces, atender cuidadosamente a este desafío.
Sabemos que hay factores estructurales y otros coyunturales, que las han provocado. Desde luego subsanar la falta de confianza en si mismo es una tarea de largo plazo ya que sus causas dicen relación con las características de las sociedades avanzadas y en desarrollo, en esta etapa histórica. Llámese modernización avanzada; aldea global; sociedad digital. En nuestro país esta etapa la empezamos a vivir cuando la concepción neoliberal de la economía y la sociedad se instaló de modo exagerado, lo que ha acentuado los daños para la sociabilidad. Es conocida la afirmación de Margaret Thatcher “La sociedad no existe. Sólo existen hombres y mujeres individuales”. Y aquí tuvimos en Augusto Pinochet un aventajado discípulo de la Dama de Hierro.

Esas características han provocado un extendido sentimiento de malestar social el que no es, por tanto, atribuible a un gobierno o a una política determinada. Dicho sentimiento se vincula con el hecho de que la sociedad se estructura, desde fines de la guerra fría, en el contexto de la globalización, el libre mercado y la innovación tecnológica acelerada y omnipresente. Este cambio potente y avasallador genera una sociedad cada vez más confusa: el sujeto individual carece de normas en ámbitos conductuales cada vez mayores; las personas son colocadas de modo frecuente en situaciones de exclusión y sólo esporádicamente en situaciones de participación y pertenencia. En aspectos importantes para la seguridad personal y familiar el sujeto vive continuamente estas experiencias de cambio; la ambivalencia y la ambigüedad son más comunes que las convicciones claramente positivas o negativas. Todo ello repercute en la subjetividad en la forma de un desamparo que contamina la conciencia toda. Es de la esencia del malestar social el que los juicios que definen la situación, la explicación acerca de las causas y la intelección de las conductas para superarlas no estén elaboradas, que sean muy primarias o simplemente inexistentes. En situaciones extremas la agresividad generada por este malestar se expresa en la vida diaria más bien como agresividad dirigida contra si mismo o contra el entorno social inmediato (suicidios, consumo de antidepresivos, tristeza del ánimo –tristeza del bien interno, como decía Santo Tomás- violencia intrafamiliar, depresión, entre otras. Las personas que experimentan esta desgraciada condición carecen, obviamente, de confianza en si mismos, en el prójimo y en la sociedad. En situaciones extremas  la desconfianza es a veces un recurso para la supervivencia. Aquí estamos en presencia de patologías psicológicas y/o psiquiatras que requieren un tratamiento específico.
En el caso de personas en situaciones normales ellas pueden recuperar la confianza en si mismo en la medida que se conviertan en Sujeto y dejen de ser un mero objeto de fuerzas anónimas que gobiernan los grandes procesos de la economía y la sociedad. Y dejen de identificarse con los antivalores de los pequeños grupos en que estén insertas. El Sujeto dice Alain Touraine, sociólogo francés conocedor de nuestro país, “es la voluntad  de un individuo de actuar y ser reconocido como actor”, es decir, de ser capaz de vivir con libertad personal, ajeno a los prejuicios culturales, afirmando con prestancia sus propias convicciones. (¿Podremos vivir juntos?; 1997) La simbiosis de razón y libertad le permite al Sujeto movilizar su personalidad para enfrentar los riesgos e incertidumbres de la vida. Se correspondería a la personalidad que David Riesman, el psicólogo y sociólogo de Harvard, llama el “carácter autodirigido”, que se contrapone al “carácter dirigido por otros”,   (The Lonely Crowd;1950) Esta conversión en Sujeto por parte del individuo es un desafío para la institucionalidad educacional y para las familias.

La confianza en si mismo posibilita el reconocimiento de parte de los demás como del propio individuo del derecho a llevar una vida que conduzca a su realización personal, aún en épocas en que prevalece el individualismo egoísta por sobre la noción del “bien común”. 

Restaurar la confianza en el Otro es una tarea que puede cumplirse en el mediano plazo. Ello si el Estado atiende con eficiencia a los grupos más vulnerables y la sociedad de clase media desarrolla a niveles local, intermedio y nacional posibilidades de acciones solidarias participativas. La educación, en el sentido griego de “Paideia” (formación del ciudadano culto), más esas iniciativas locales que inserten a los vecinos en actividades solidarias, mucho ayudarían. (La ciudadanía alude al “bien común” ella contrarresta a la individualización que prioriza el personal). Si todo ello se complementa con acciones de organismos estatales se abriría la posibilidad de recomponer el tejido social que el devenir de la economía y la reestructuración de la sociedad han deshilvanado. La participación ciudadana es un antídoto a la carencia de representatividad de  instituciones y autoridades. La realidad política y la social está pidiendo en Chile un nuevo paradigma para la vinculación de los individuos con la sociedad. En estos pueden ayudar muchísimo las TICs, las tecnologías de la información y comunicación con iniciativas inteligentemente diseñadas para tal propósito. En breve, se requiere de una democracia más participativa.

La crisis de confianza en las instituciones es una tarea que puede enfrentarse en el corto plazo. Incluyendo la crisis de confianza en el funcionamiento del mercado. Puede que ello sea difícil, pero es indispensable para el eficaz desempeño de la vida política y de la economía. Además, desde el punto de vista político es muy conveniente que la situación de la confianza  empiece a mejorar pronto, antes que el populismo haga su cosecha. En efecto, en la situación del país la toma de decisiones tienen un sentido de urgencia. En el mundo actual la rapidez, promovida por el desarrollo tecnológico, se ha constituido en una variable fundamental en una variedad de ámbitos, incluyendo los sociales y políticos. Es así, por ejemplo, que en la economía interconectada se menciona que “no es el grande el que golpea al chico, sino el más veloz el que supera al lento”.

No hay que olvidar que el ciudadano común aspira y requiere que sus problemas más acuciantes se resuelvan “aquí y ahora” (hic et nunc). El largo plazo en las áreas del desarrollo y del destino de la sociedad, no obstante ser indispensable, es preocupación casi en exclusividad de algunas élites intelectuales y empresariales. Es cierto que las proyecciones a largo plazo son indispensables para el propósito de reformar la realidad actual. Pero no es menos cierto que para hacerlo se requiere que la sociedad y sus dirigentes tengan, primero, el control del presente.

La institucionalidad chilena no es amigable con proyectos de largo plazo. El periodo presidencial de cuatro años sin reelección inmediata, el sistema bicameral que demora la aprobación de las leyes no estimulan la promoción de iniciativas para un futuro más largo. Convengamos, además, en la existencia de una cultura cortoplacista que determina, en gran parte, nuestro accionar.

Probidad y transparencia; eficiencia institucional de los Poderes del Estado y de todo su aparataje burocrático; regulación y control eficientes de la actividad económica; cumplimiento obligatorio e igualitario de la ley; separación de política y dinero. Muy en especial, un sólido liderazgo político. Además, esfuerzos para disminuir las desigualdades que los procesos de la economía y de la innovación tecnológica actuales acentúan, los abusos derivados del poder y la riqueza, la larga permanencia en altos cargos públicos de algunos privilegiados, el nepotismo y la endogamia en la política. Todo lo cual debería remediarse. Proactividad del sistema educacional en la adecuada formación de las nuevas generaciones en conjunción con las familias. Por último, pero no menos importante, atender al perfeccionamiento de la Constitución, a la actividad y  la gestión de los partidos políticos, considerando que los que gobiernan son personeros suyos. Todo lo cual podría allanar el camino no sólo para superar las desconfianzas actuales sino para construir una sociedad donde la confianza tenga permanente vigencia. Primero confianza en las instituciones, luego ello permitiría el éxito de los esfuerzos por expandirla a los otros dos niveles: la confianza en los demás (el Otro) y la confianza en sí mismo (el Yo).

Santiago, Julio de 2017.
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Sociólogo y Profesor de Filosofía.




jueves, 3 de agosto de 2017

BBC Mundo: "La 4ta.revolución industrial"

Qué es la cuarta revolución industrial (y por qué debería preocuparnos)


Diseño de sistema ciberfísico.Derechos de autor de la imagenTHINKSTOCK
Image captionLos sistemas ciberfísicos, capaces de comunicarse entre sí y con los humanos, están en el centro de la revolución en ciernes.

A finales del siglo XVII fue la máquina de vapor. Esta vez, serán los robots integrados en sistemas ciberfísicos los responsables de una transformación radical.
Los economistas le han puesto nombre: la cuarta revolución industrial.
Marcada por la convergencia de tecnologías digitales, físicas y biológicas, anticipan que cambiará el mundo tal como lo conocemos.
¿Suena muy radical? Es que, de cumplirse los vaticinios, lo será. Y está ocurriendo, dicen, a gran escala y a toda velocidad.
"Estamos al borde de una revolución tecnológica que modificará fundamentalmente la forma en que vivimos, trabajamos y nos relacionamos. En su escala, alcance y complejidad, la transformación será distinta a cualquier cosa que el género humano haya experimentado antes", vaticina Klaus Schwab, autor del libro "La cuarta revolución industrial", publicado este año.

Línea de producción en fábrica automatizada con sistemas ciberfísicos en EE.UU.Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionLa manufactura cambiará de un modo radical y, con ella, el mundo del empleo.

Los "nuevos poderes" del cambio vendrán de la mano de la ingeniería genética y las neurotecnologías, dos áreas que parecen crípticas y lejanas para el ciudadano de a pie.
Pero las repercusiones impactarán en cómo somos y nos relacionamos hasta en los rincones más lejanos del planeta: la revolución afectará "el mercado del empleo, el futuro del trabajo, la desigualdad en el ingreso" y sus coletazos impactarán la seguridad geopolítica y los marcos éticos.

La fábrica automática y muy, muy inteligente

Entonces, ¿de qué se trata el cambio y por qué hay quienes creen que se trata de una revolución?
Lo importante, destacan los teóricos de la idea, es que no se trata de desarrollos, sino del encuentro de esos desarrollos. Y en ese sentido, representa un cambio de paradigma, en lugar de un paso más en la carrera tecnológica frenética.

5 claves para entender la REVOLUCIÓN 4.0

  • 1. Alemania fue el primer país en establecerla en la agenda de gobierno como "estrategia de alta tecnología"
  • 2. Se basa en sistemas ciberfísicos, que combinan infraestructura física con software, sensores, nanotecnología, tecnología digital de comunicaciones
  • 3. La internet de las cosas jugará un rol fundamental
  • 4. Permitirá agregar US$$14,2 billones a la economía mundial en los próximos 15 años
  • 5. Cambiará el mundo del empleo por completo y afectará a industrias en todo el planeta
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"La cuarta revolución industrial, no se define por un conjunto de tecnologías emergentes en sí mismas, sino por la transición hacia nuevos sistemas que están construidos sobre la infraestructura de la revolución digital (anterior)", dice Schwab, que es director ejecutivo del Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés) y uno de los principales entusiastas de la "revolución".
"Hay tres razones por las que las transformaciones actuales no representan una prolongación de la tercera revolución industrial, sino la llegada de una distinta: la velocidad, el alcance y el impacto en los sistemas. La velocidad de los avances actuales no tiene precedentes en la historia… Y está interfiriendo en casi todas las industrias de todos los países", apunta el WEF.
También llamada 4.0, la revolución sigue a los otros tres procesos históricostransformadores: la primera marcó el paso de la producción manual a la mecanizada, entre 1760 y 1830; la segunda, alrededor de 1850, trajo la electricidad y permitió la manufactura en masa.

Primera Revolución Industrial, ilustraciónDerechos de autor de la imagenHULTON ARCHIVE
Image captionLa primera revolución industrial permitió pasar a la producción mecanizada, gracias a novedades como el motor a vapor.

Para la tercera hubo que esperar a mediados del siglo XX, con la llegada de la electrónica y la tecnología de la información y las telecomunicaciones.
Ahora, el cuarto giro trae consigo una tendencia a la automatización total de la manufactura - su nombre proviene, de hecho, de un proyecto de estrategia de alta tecnología del gobierno de Alemania, sobre el que trabajan desde 2013para llevar su producción a una total independencia de la mano de obra humana.
La automatización corre por cuenta de sistemas ciberfísicos, hechos posibles por el internet de la cosas y el cloud computing o nube.
Los sistemas ciberfísicos, que combinan maquinaria física y tangible con procesos digitales, son capaces de tomar decisiones descentralizadas y de cooperar -entre ellos y con los humanos- mediante el internet de las cosas.
Lo que veremos, dicen los teóricos, es una "fábrica inteligente". Verdaderamente inteligente.

Trabajador con rollo de fibra óptica.Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image caption¿Y qué pasará con el empleo?

El principio básico es que las empresas podrán crear redes inteligentes que podrán controlarse a sí mismas, a lo largo de toda la cadena de valor.
Los guarismos económicos son impactantes: según calculó la consultora Accenture en 2015, una versión a escala industrial de esta revolución podría agregar US$14,2 billones a la economía mundial en los próximos 15 años.
En el Foro de Davos, en enero de este año, hubo un anticipo de lo que los académicos más entusiastas tienen en la cabeza cuando hablan de Revolución 4.0: nanotecnologías, neurotecnologías, robots, inteligencia artificial, biotecnología, sistemas de almacenamiento de energía, drones e impresoras 3D serán sus artífices.
Pero serán también los gestores de una de las premisas más controvertidas del cambio: la cuarta revolución podría acabar con cinco millones de puestos de trabajo en los 15 países más industrializados del mundo.

Escenario del Foro de Davos.Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionEn el Foro de Davos, en enero pasado, la cuarta revolución industrial fue la estrella del debate.

Revolución, ¿para quién?

Son precisamente los países más avanzados los que encarnarán los cambios con mayor rapidez, pero a la vez los expertos destacan que son las economías emergentes las que podrán sacarle mayor beneficio.
La cuarta revolución tiene el potencial de elevar los niveles de ingreso globales y mejorar la calidad de vida de poblaciones enteras, apunta Schwab, las mismas que se han beneficiado con la llegada del mundo digital (y la posibilidad, por caso, de hacer pagos, escuchar música o pedir un taxi desde un celular ubicuo y barato).
Sin embargo, el proceso de transformación sólo beneficiará a quienes sean capaces de innovar y adaptarse.

Gráfico de internet de las cosasDerechos de autor de la imagenTHINKSTOCK
Image captionUn esquema de la internet de las cosas (IoT, en inglés) sobre la que se apoya la transformación.

"El futuro del empleo estará hecho de trabajos que no existen, en industrias que usan tecnologías nuevas, en condiciones planetarias que ningún ser humano jamás ha experimentado", resume David Ritter, CEO de Greenpeace Australia/Pacífico, en una columna sobre la cuarta revolución para el diario británico The Guardian.
Aunque los empresarios parecen entusiasmados - más que intimidados- por la magnitud del reto: un sondeo revela que 70% tiene expectativas positivas sobre la cuarta revolución industrial.
Así se desprende del último Barómetro Global de Innovación, una medición que publica General Electric cada año y que recoge opiniones de más de 4.000 líderes y personas interesadas en las transformaciones de 23 países.

LA CUARTA REVOLUCIÓN

¿Qué opinan los empresarios?

70%
de los ejecutivos tiene expectativas positivas
  • 85% cree que las innovaciones de los sistemas ciberfísicos serán beneficiosas
  • 64% está dispuesto a asumir los riesgos de innovar
  • 17% teme por el impacto negativo en los trabajadores
Getty
Aunque la distribución regional es desigual y son los mercados emergentes de Asia principalmente los que están adoptando los cambios de manera más disruptiva que sus pares de economías desarrolladas.
"Ser disruptivo es el estándar de oro para ejecutivos y ciudadanos, pero sigue siendo un objetivo complicado de llevar a la práctica", reconoce el estudio.

Los peligros del cibermodelo

Así, no todos ven el futuro con optimismo: los sondeos reflejan las preocupaciones de empresarios por el "darwinismo tecnológico", donde aquellos que no se adapten no lograrán sobrevivir.
Y si ello ocurre a toda velocidad, como señalan los entusiastas de la cuarta revolución, el efecto puede ser más devastador que el que generó a su turno la tercera revolución.

Hombre y robot, ilustración.Derechos de autor de la imagenTHINKSTOCK
Image captionLa revolución tendrá que escribir una nueva relación entre los hombres y los robots. Pero detrás hay dilemas éticos y sociales por resolver, dicen los críticos.

"En el juego del desarrollo tecnológico, siempre hay perdedores. Y una de las formas de inequidad que más me preocupa es la de los valores. Hay un real riesgo de que la élite tecnocrática vea todos los cambios que vienen como una justificación de sus valores", le dice a BBC Mundo Elizabeth Garbee, investigadora de la Escuela para el Futuro de la Innovación en la Sociedad de la Universidad Estatal de Arizona (ASU).
"Ese tipo de ideología limita gravemente las perspectivas que se traen a la mesa a la hora de tomar decisiones (políticas), lo que a su vez exacerba la inequidad que ya vemos en el mundo hoy", agrega.
"Dado que mantener el status quo no es una opción, necesitamos un debate fundamental sobre la forma y los objetivos de esta nueva economía", apunta Ritter, que considera que debe haber un "debate democrático" en torno a los cambios tecnológicos.

Joven asiático frente a computadoras.Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionLos mercados emergentes de Asia están a la vanguardia de la cuarta revolución, dicen los expertos.

Por una parte, hay quienes descreen que se trate de una cuarta revolución: es cierto que los cambios son muchos y muy profundos, pero el concepto fue por primera vez usado en 1940 (en un documento de una revista de Harvard titulado "La última oportunidad de Estados Unidos", que pintaba un futuro sombrío por el avance de la tecnología) y su uso representa una "pereza intelectual", dice Garbee.
Otros, más pragmáticos, alertan que la cuarta revolución no hará sino aumentar la desigualdad en el reparto del ingreso y traerá consigo toda clase de dilemas de seguridad geopolítica.
El mismo WEF reconoce que "los beneficios de la apertura están en riesgo" por medidas proteccionistas, especialmente barreras no tarifarias y normativas del comercio mundial, que se han exacerbado desde la crisis financiera de 2007: un desafío que la cuarta revolución deberá sortear si quiere entregar lo que promete.
"El entusiasmo no es injustificado, estas tecnologías representan avances asombrosos. Pero el entusiasmo no es excusa para la ingenuidad y la historia está plagada de ejemplos de cómo la tecnología pasa por encima de los marcos sociales, éticos y políticos que necesitamos para hacer buen uso de ella", remata Garbee.

Angela Merkel, en una fábrica de robots en AlemaniaDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionAngela Merkel, en una fábrica de robots: para Alemania, la revolución 4.0 es una prioridad.